Elegir un buen vino en un restaurante
La elección de una botella de vino acertada es para los consumidores una difícil prueba que puede influir en la buena o mala marcha de una cena especial.
Para la mayoría de los amantes del vino, el momento de la elección supone un difícil paso y es bueno tener en cuenta una serie de procedimientos básicos para no defraudar a los comensales que han depositado en nosotros su confianza.
Si no eres un gran experto, pero te encanta el vino, no tengas miedo a pedir la carta de vinos y a dar tu opinión con respecto a los caldos del restaurante, y ten en cuenta para empezar, que precio no siempre es sinónimo de calidad, de hecho hay un gran número de nuevos jóvenes vinos, que aportan excitantes matices en boca y no son demasiado hirientes a nuestro bolsillo.
Como ya sabes, hay un protocolo en cuanto a tipología y maridaje, tintos y blancos se reparten la mayoría de los platos, y los rosados y demás suelen ir destinados a los entrantes menos consistentes. De todas formas, puedes obviar estos protocolos y lanzarte teniendo en cuenta más los acentos frutales, o los rasgos de sabor. Recuerda que la innovación ha llegado también al maridaje, y en ocasiones salirse del camino es un gran acierto.
Por supuesto es importante no imponer a los comensales, debemos dar nuestra opinión de forma coherente y respetuosa, y por supuesto oír las opciones de nuestros acompañantes.
Ojear bien datos como la Denominación de Origen y añadas pueden ser detalles que hagan que la balanza del acierto caiga a un lado o a otro.
Una vez que se nos sirva el primer sorbo de vino en nuestra copa, debemos paladear bien el contenido y no tener miedo de expresar nuestro parecer. Rechazar una botella es a veces, inevitable y puede suponer que la velada sea inolvidable, o en cambio sea una para olvidar.
Por último, no debemos dejar que nuestro ego nos supere, si el restaurante cuenta con un servicio de sumiller, no hay que dudar en contar con él. En el caso de que no dispongan de sumilleres, podemos preguntar al camarero, su función es hacer todo lo posible para que todo sea de nuestro gusto.












