El vino que casi perdió la vida
Existió una vez una botella de Château DÝquem 1806 que estuvo a punto de perder la vida.
Era una botella especial y así se lo hicieron saber cuando nació, los enólogos que le dieron la vida así se lo comunicaron: “Eres de un linaje que perdurará, una casta de reyes, tú serás llamado el Mejor Vino Blanco del mundo”.
Y así fue adquirido, por Toño y José, dos españoles que pujaron por él conociendo su valor y fama, llegando a pagar 110.000 euros en una subasta celebrada en Londres.
Al fin era suyo, el Château DÝquem 1806 pertenecía a la familia de los mejores vinos blancos, toda una reliquia en el mundo, y lo habían comprado para poder exhibirlo, para mimarlo y cuidarlo, su objetivo era que fuese admirado por todos cuantos se acercaran a su restaurante (El Atrio, Cáceres).
Pero la bella historia se torció. En el momento de colocar al preciado inquilino en su nueva estantería, donde todos los ojos se posarían atentos sobre él, el cuello de la botella se quebró.
La situación era delicada cualquier movimiento brusco podría romper del todo el recipiente y arrojar el vino al suelo, perdiéndose así un tesoro de la enología, sin duda una joya de la corona.
Así Toño Pérez y José Polo se pusieron en contacto con la bodega que lo vio nacer, la Château DÝquem , comunicándole la desesperada situación.
Las instrucciones fueron claras, colocar la botella en un frigorífico y trasladarlo de urgencia a la bodega, donde se le daría la solución más factible.
Una vez allí, la misma jefa de enólogos de la Château DÝquem procedió a la cata del líquido dorado, y verificó que seguía conteniendo esos sagrados matices que lo convertían en lo que era, un rey de reyes.
Así se procedió al cambio de botella, trasladándolo a una botella del siglo XIX, que volvió al restaurante El Atrio donde se encuentra expuesta.












