La Catedral inicia el jubileo que dio origen a las fiestas mateínas
Si la patrona de la archidiócesis de Oviedo es Santa Eulalia de Mérida y la Catedral tiene como advocación principal a San Salvador, ¿por qué las fiestas de la capital del Principado se celebran el día de San Mateo? La respuesta la tiene la misa solemne celebrada ayer en la Catedral y que inicia el jubileo de la Santa Cruz, período que termina el día 21, festividad del santo.
En la época medieval, y como recogen diferentes obras sobre la historia de Oviedo, la ciudad organizaba en San Mateo diferentes festejos para despedir a los peregrinos que, en su búsqueda de la indulgencia plenaria -el perdón de todos los pecados-, visitaban la urbe. Hoy, la festividad religiosa ha pasado a un segundo plano, y los ovetenses han cambiado la penitencia por el mojito o la caipiriña.
Los fieles que llenaron la nave central de la Basílica esperaban, además, la bendición con el Santo Sudario. Ayer, día de la exaltación de la Cruz, fue una de las tres ocasiones en que esta reliquia sale de su encierro en la Cámara Santa de la Catedral y se muestra a los fieles.
El párroco de la vecina iglesia de San Tirso, encargado de celebrar esta misa, destacó en su homilía cómo la presencia en la Catedral de la Cruz de los Ángeles fue determinante para conceder el perdón en el jubileo previo a San Mateo. «Además, esta celebración nos anima a prestar especial atención a la educación de los niños y de los jóvenes», apuntó el párroco, rodeado durante la eucaristía por otros doce sacerdotes.
El próximo lunes, 21 de septiembre, día de San Mateo, el Santo Sudario bendecirá de nuevo a los ovetenses. Ese día, se abrirá también a los fieles la puerta donde se alojaba la hidria -considerada como uno de los recipientes de piedra en los que Jesús convirtió el agua en vino-, llena de agua bendita para la ocasión.
Y bajo el pórtico de la Catedral, «les paxarines», las tradicionales figuritas hechas de agua y harina que se colorean con azafrán y, según la cultura popular, protegen de las tormentas.
El jubileo que comenzaba ayer en la Catedral ovetense permitirá, además, conseguir la absolución de los pecados que se hayan podido cometer a lo largo del año. «Para eso hay que visitar la Cruz de los Ángeles, rezar allí un padre nuestro y un credo, confesarse, comulgar y rezar por el Papa, que le hace mucha falta», explica Antonia Suárez. Ella es una de las fieles que, según la tradición, se cubren con una mantilla blanca en las ceremonias litúrgicas solemnes. «Vengo todos los años», asegura, «y siempre me pregunto lo mismo, ¿sabrá toda esta gente por qué se organiza toda esta semana de fiestas?».
La imagen de Santa Leocadia, una talla de José Bernardo de la Meana fechada entre 1753 y 1762, ha regresado a su hornacina en la girola de la Catedral, en la fotografía de la derecha. Tras la restauración de ambas piezas, a cargo del equipo que dirige Jesús Puras y costeada en su totalidad por el cabildo catedralicio, la talla de la santa que da nombre al espacio bajo la Cámara Santa ha recuperado sus colores originales y luce de nuevo las veladuras doradas típicas del Barroco que recubren su túnica.












